El pasado no determina el futuro emocional si hay voluntad de cambio. Lo que viviste te marcó, pero no te define. No estás condenado a repetir las carencias, ausencias o violencias que conociste. Cada persona tiene la capacidad de reconfigurar sus vínculos, y la ciencia lo respalda: nuestro cerebro conserva la plasticidad necesaria para aprender nuevas formas de amar y relacionarnos, incluso en la adultez. En la Fundación creemos en tu poder para escribir un final distinto al que heredaste.
Davidson, R. J., & McEwen, B. S. (2012). «Social influences on neuroplasticity: Stress and interventions to promote well-being.» Nature Neuroscience, 15(5), 689–695.



